Ayer siguiendo mi destino me metí a correr a la selva por unos senderos, claro, jugué, sudé, corrí, brinqué, bailé, me llené de lodo y cuando la lluvia empezó a caer me asusté... Y después me maravillé de que los árboles nos llenaran de protección, resguardaran los caminos y que sólo escucháramos la lluvia... Llovía y no llovía...
Que bueno que lo que sale por nuestra boca no siempre determina nuestra acciones...
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